Hay momentos en que escucho una música y me sumerjo de lleno en un tiempo pasado del que no puedo escapar, envuelto en una voz acogedora, elegante y silenciosa. Se me coge un pellizco nostálgico que es difícil quitarlo.
Escuchar a Almudena de la Serna en Radio Clásica era una auténtica delicia. Hablo de los años 80 y 90 de la pasada centuria, cuando yo vivía pegado a la emisora durante todo el día: para trabajar, para leer, para escribir y para dormir. La Sinfonía n.º 2 de Rachmaninoff era la pieza con la que abría su programa y, hoy, cuando escucho ese adagio, regreso inevitablemente a su voz. Me quedo atrapado en ese bucle temporal e inmersivo.
Hay voces que son como la música, o que directamente son música, y armonizan de tal modo que escuchar la pieza y escucharla a ella se convierte en un todo indisoluble. Creo que, si Rachmaninoff la hubiera escuchado, la habría incluido en su partitura.
Me gustaría ver su rostro, porque entonces, en la radio, no podíamos ver a quienes nos hablaban, a diferencia de lo que ocurre hoy. Almudena ya se jubiló, imagino. Era una voz que recogía, que invitaba a la audición serena y al misterio. Me ha resultado imposible encontrar grabaciones de sus intervenciones. Tampoco me he puesto a buscar escrupulosamente; ¿de qué serviría?
En nuestra memoria, las voces que nos acompañaron durante años en la intimidad del hogar adquieren un estatus casi familiar, y es natural querer cerrar el círculo del recuerdo. Las voces de la radio de aquellos años, aunque fueron fundamentales para oyentes como nosotros, a menudo han quedado relegadas a la memoria colectiva de quienes sintonizábamos fielmente Radio Clásica, y su rastro documental es, a veces, sorprendentemente esquivo.
Yo no sé escribir sobre música; no poseo el vocabulario técnico adecuado. Solo puedo esbozar los estados de ánimo que me provocan mis artistas favoritos, con la radio siempre como compañera fiel de mi juventud. Ahora, sin embargo, esa costumbre se ha desdibujado; con plataformas como Spotify, la búsqueda pausada de la buena música a través de la magia de la radio parece haberse perdido.
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